Mario Vargas Llosa, Cayetana Álvarez de Toledo, Enrique Krauze, Yoani Sánchez y Álvaro Vargas Llosa, entre muchos otros, abordan en esta obra el desastre que acompaña la llegada del populismo y diseccionan sus diferentes formas y máscaras, desde el populismo nacionalista de Trump o Le Pen hasta el radicalismo de izquierdas de Podemos. España, pero también Europa y Estados Unidos, se enfrentan en los próximos años a una oleada política que pone en peligro las bases de la democracia liberal que ha llevado al mayor periodo de bonanza de la historia.Los autores de este libro conocen a fondo y han sido testigos de los riesgos que acarrea el populismo. Desde Cuba hasta Venezuela, pasando por el Reino Unido del Brexit, la extrema derecha escandinava o los Estados Unidos de Trump. Su mensaje es inequívoco; hay que volver a la razón.
El poder está cambiando de manos: de grandes ejércitos disciplinados a caóticas bandas de insurgentes; de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores; de los palacios presiden-ales a las plazas públicas. Pero también está cambiando en sí mismo: cada vez es más difícil de ejercer y más fácil de perder. El resultado, como afirma el prestigioso analista internacional Moisés Naím, es que los líderes actuales tienen menos poder que sus antecesores, y que el potencial para que ocurran cambios repentinos y radicales sea mayor que nunca. En El fin del poder, Naím describe la lucha entre los grandes actores antes dominantes y los nuevos micropoderes que ahora les desafían en todos los ámbitos de la actividad humana. La energía iconoclasta de los micropoderes puede derrocar dictadores, acabar con los monopolios y abrir nuevas e increíbles oportunidades, pero también puede conducir al caos y la parálisis. A partir de estudios nuevos y provocadores y de su experiencia en asuntos internacionales, Naím explica cómo el fin del poder está remo delando el mundo en que vivimos.
En este libro, traducido a doce idiomas y convertido en un clásico, el profesor Moses I. Finley, reconocido mundialmente como uno de los grandes renovadores de la historia antigua, estudia las formas de gobierno de las ciudades-estado de Grecia y de la Roma republicana, sociedades ambas que, con diferentes instituciones y distinta historia, tenían sin embargo en común una base económica agraria, un sistema social jerarquizado y la admisión de las clases inferiores en el marco institucional. El profesor Finley hace aquí un análisis magistral de la lucha por el poder en el seno de esas sociedades, del papel desempeñado en esa lucha por guerras y conquistas, del sutil juego de las ideologías, de la frágil estabilidad de las alianzas: en una palabra, de la «invención» de la política.
Desde su independencia de la Corona británica el interés por la organización política estadounidense ha sido objeto de atención por parte de todo tipo de estudiosos. El fin de la Segunda Guerra Mundial vio cumplido el conocido vaticinio de Alexis de Tocqueville de que Estados Unidos y Rusia tendrían «un día en sus manos los destinos de la mitad del mundo, el primero dominado por la libertad como medio de acción, y la segunda, por la servidumbre». La liquidación de la Unión Soviética convirtió a la república norteamericana en la principal potencia hegemónica mundial, cuya vulnerabilidad sin embargo quedó al descubierto tras los atentados del 11-S. Este libro constituye un manual universitario de primer orden, y además una útil herramienta para todo aquel que desee adentrarse en temas básicos del sistema político de Estados Unidos: la vigencia del excepcionalismo como visión propia de su desarrollo histórico; la importancia del liderazgo presidencial en sus diferentes roles, sus aciertos y errores; el funcionamiento y organización del Congreso, extremadamente polarizado especialmente bajo las últimas presidencias de Clinton, Bush y Obama, dificultando la toma de decisiones sobre la deuda y el déficit públicos, la extensión de los derechos civiles, el desempleo estructural o la política de inmigración; la importancia de los tribunales y el derecho en la judicialización de la vida política y en el desarrollo de las libertades públicas, destacando las sentencias cruciales del Tribunal Supremo de EEUU; el declive de la participación electoral; la singularidad de los partidos políticos con respecto a la tradición europea, el sistema de partidos y su evolución; las formas y vías de actuación de individuos y corporaciones que presionan y tratan de influir en la rama ejecutiva y en el Congreso; o la cultura como soft power del american way of life, reflejada en la relación de películas, documentales y series de televisión que acompañan cada capítulo.
Colombia, en los años noventa, era un país sumido en el caos con un gobierno débil que combatía a la guerrilla y a los narcotraficantes inmersos en una guerra liderada por Pablo Escobar y sus eternos rivales: los hermanos Rodríguez Orejuela, del cartel de Cali. Jorge Salcedo, ingeniero, oficial de la reserva del ejército, un hombre de negocios respetado, padre de familia, que despreciaba a Escobar, entró a formar parte del cartel de Cali para convertirse en el jefe de seguridad de uno de los capos. Salcedo pretendía ignorar la corrupción, la violencia y la brutalidad que lo rodeaba, y luchó por preservar su integridad con grandes dificultades, hasta que un día recibió una orden directa del padrino que no podía cumplir pero tampoco desobedecer. Salcedo comprendió entonces que su única salida era traicionar al sindicato del crimen más rico y poderoso de todos los tiempos, arriesgarlo todo e intentar derrotar a los de Cali en un juego a vida o muerte en el que eran muy pocas las posibilidades de ganar.
La percepción generalizada de que la vida va más deprisa que antes ha arraigado en nuestra cultura, y solemos culpar de ello a los smartphones y a Internet. Pero ¿acaso no es el único propósito del smartphone proporcionarnos un acceso tan rápido a las personas y a la información que nos libere para hacer otras cosas? ¿No se supone que la tecnología debía facilitarnos la vida? En Esclavos del tiempo, Judy Wajeman explica por qué a partir de nuestras experiencias con la tecnología digital deducimos de forma inmediata que esta acelera inexorablemente la vida cotidiana. La autora argumenta que no somos menos rehenes de los dispositivos de comunicación, y que la sensación de andar siempre apurados es el resultado de las prioridades y parámetros que nosotros mismos establecemos. De hecho, estar siempre ocupados y llevar una vida ajetreada ha pasado a tener un valor positivo en nuestra cultura basada en la productividad.