La fascinante historia de las reinas-faraón más poderosas del Antiguo Egipto.
¿Sabías que la primera faraona de la historia mandó sacrificar a decenas de personas para que fueran enterradas junto a ella y así tener compañía en el más allá? ¿Que la reina Sobekneferu lideró la primera gran campaña de «marketing» para lograr su ascenso al trono? ¿Que Hatshepsut hizo creer al pueblo egipcio que era hija del dios Amón para coronarse como faraona? ¿Que la cuenca vacía en el famoso Busto de Nefertiti se esculpió así a propósito, y no porque a la reina le faltara un ojo? ¿O que un extraño eclipse marcó el reinado de Cleopatra y el final de la civilización egipcia? Y lo más sorprendente, ¿cómo es posible que en un Estado absolutamente patriarcal una mujer pudiera llegar a ostentar el gran cetro del faraón?
Coca, farlopa, perico, merca, Fariña.
Aunque ahora parezca una pesadilla lejana, en los años 90 el 80 por ciento de la cocaína desembarcaba en Europa por las costas gallegas. Aparte de su privilegiada posición geográfica, Galicia disponía de todos los ingredientes necesarios para convertirse en una «nueva Sicilia»: atraso económico, una centenaria tradición de contrabando, y un clima de admiración y tolerancia hacia una cultura delictiva. Los clanes, poderosos y herméticos, crecieron en un clima de impunidad afianzada gracias a la desidia (cuando no complicidad) de la clase política y de las fuerzas de seguridad.
A través de testimonios directos de capos, pilotos de planeadoras, arrepentidos, jueces, policías, periodistas y madres de toxicómanos, Nacho Carretero retrata con minuciosidad un paisaje criminal con frecuencia infravalorado y da un repaso inédito por los clanes que siguen operando hoy en día. Porque en contra de la creencia mediática y popular, el narcotráfico sigue vivo en Galicia.
En Farmaconomía, el periodista Nick Dearden cuenta su investigación que le hizo darse cuenta del modo en que producimos nuestros medicamentos y descubre que las grandes farmacéuticas nos están fallando, con consecuencias catastróficas. A esas grandes empresas les interesan más los beneficios que la salud. Eso quedó claro cuando los gobiernos se apresuraron a producir vacunas durante la pandemia de COVID-19. Detrás de los tan cacareados avances científicos, realizados sobre todo con fondos públicos, las grandes empresas encontraron nuevas formas de sacar miles de millones más a los gobiernos de Occidente mientras abandonaban al Sur Global.