Hijas del miedo es un libro escrito por juezas en el que se recopilan relatos reales de mujeres víctimas de violencia de genero. Las protagonistas comparten cómo se sienten al enfrentarse a las agresiones y el temor de que la justicia no les crea ni actúe para protegerlas. A traves de los relatos, las expertas denuncian la violencia contra las mujeres a nivel mundial y exigen políticas efectivas para su erradicación, visibilizando el sufrimiento y luchando por un cambio profundo en el sistema judicial y social.
El relato de la generación que lo cambiará todo.
El mundo se asoma al abismo. Cuando el motor que había impulsado dos siglos de progreso y democracia se detuvo, hace veinticinco años, las grandes promesas del siglo XX comenzaron a desmoronarse. Por esas grietas se han ido abriendo paso el extremismo y un malestar difuso, pero atronador.
En medio de ese colapso se quedaron atrapados los Hijos del optimismo, los miembros de una generación que se hizo mayor con la misión de construir una "sociedad del conocimiento" y terminó convertida en chivo expiatorio cuando aquel proyecto se vio truncado. Hoy son los sospechosos habituales cada vez que se busca señalar a quienes nos han llevado al callejón sin salida en el que ahora estamos.
Y es cierto, los haters tienen razón: los Hijos del optimismo acabaron con la economía industrial. Pero no por vagos o irresponsables, sino precisamente porque cumplieron con su mandato: se alzaron como «la generación más preparada de la historia» y emprendieron una transformación inédita. En realidad, inauguraron un mundo nuevo en el que las coordenadas del anterior ya no funcionan.
Tienes en tus manos un libro que es una brújula de esta realidad emergente: para comprender de dónde venimos, adónde vamos y las grandes oportunidades que se abren ante nosotros.
Aún sin quererlo y sin saberlo, y muy a nuestro pesar, nuestros padres, abuelos y antepasados nos han dejado en herencia duelos no resueltos, traumas no superados y todo tipo de secretos. Sin embargo, lo que se oculta a veces se expresa en el cuerpo a través de la somatización. El cuerpo del hijo, del nieto o incluso del bisnieto, sin importar su edad, se convierte entonces en el lenguaje del ancestro herido. Es por lo tanto necesario – para liberarse al fin de esa carga – descodificar y curar las heridas que no se cerraron.