La aspiración de los seguidores de Jesús es tener presente a Dios de continuo en la vida cotidiana. La perfección no consiste en evadirse de las ilusiones y alegrías, de las obligaciones y dificultades que se experimentan cada jornada, sino en ejercitarse en la compañía constante del Señor, referencia central de nuestra vida: cuando trabajamos y cuando descansamos, cuando estamos de viaje y cuando nos perdemos en el bosque de nuestros pensamientos, cuando tenemos salud y cuando sobreviene la enfermedad…
En los tiempos actuales sigue siendo posible experimentar el amor de Dios, que permite vivir en plenitud y entregarse a los hermanos sin reservarse nada para sí mismo. De la mano de este santo sencillo y discreto podemos aspirar a la máxima dignidad, tanto humana como espiritual, y conservar la paz del corazón.
Como un siglo después en las estepas rusas Serafín de Sarov enseñó a quienes lo visitaban el modo de vivir bajo el Espíritu en la vida diaria, el hermano Lorenzo nos recuerda la necesidad de mantener vivo el deseo de alcanzar el encuentro pleno con el Dios del amor.
Este volumen describe con firmeza la historia de las ideas de los precursores de la Modernidad y su lucha contra sus perseguidores. Esta contienda todavía no ha terminado y nosotros somos sus herederos.
Tras una detallada historia de las ideas del Renacimiento, este libro destila otro libro oculto de intervención política, en el que el lector encontrará un aliado intelectual contra los poderes actuales de la reacción, del servilismo, del dogmatismo y del totalitarismo.
La imagen que nuestra época elabore acerca del Renacimiento es muy importante para definir el futuro que queremos construir. Justo por ello, aquellas corrientes intelectuales y religiosas herederas del escolasticismo están muy interesadas en transmitir e imponer una idea residual del Renacimiento.
Frente a esto, el libro de Herrera define con claridad qué debe la Modernidad al verdadero precursor (el humanista y el filósofo renacentista) y qué debe la Modernidad (si le debe algo positivo) al perseguidor (la escolástica y sus poderes temporales). El perseguidor nunca fue el precursor de la Modernidad en términos de ilustración, libertad, antidogmatismo y cosmopolitismo.
Barbara W. Tuchman dirige su mirada al nacimiento de los Estados Unidos a través de un gesto simbólico y decisivo: la primera salva de honor que una potencia extranjera dedicó a la bandera estadounidense. El episodio, ocurrido en 1776 en la isla caribeña de San Eustaquio, sirve como punto de partida para una narración brillante y rigurosa de la Guerra de Independencia.
Lejos de un enfoque puramente nacional, Tuchman sitúa este conflicto dentro de un marco mucho más amplio que implica a Inglaterra, Francia y Países Bajos, demostrando cómo la ayuda política, económica y naval de algunas de estas potencias resultó esencial para el triunfo de las colonias rebeldes. Además, la autora traza un retrato memorable de George Washington y reconstruye con gran maestría narrativa la campaña decisiva de Yorktown.
La primera salva es un relato vibrante sobre el nacimiento de una nación y una obra imprescindible para entender la geopolítica del siglo XVIII.
«La publicación de este libro es una oportunidad para ofrecer una salva de veintiún cañonazos. Así que, por la sabiduría dispensada y el placer recibido, ¡disparen!» —Time