Lobo y Estofado son unos amigos muy peculiares: no todos los días se ven un lobo y una ovejita pasear juntos. Al final de una de sus salidas nocturnas encuentran un huevo en el suelo. «¡Una tortilla!», piensa Lobo. «¡Un bebé!», piensa Estofado, quien decide que lo mejor es cuidar el huevo y darle calor hasta que haga «crack» y de él salga... ¡un cocodrilo!
Este libro continúa la historia de esta inverosímil pareja que descubrimos en La ovejita que vino a cenar y que pudimos conocer a fondo en Los lobos que vinieron a cenar, que se han convertido en verdaderos clásicos de la literatura infantil.
Una ovejita, cuatro lobos hambrientos y unos valientes animales del bosque dispuestos a evitar la catástrofe. Pero a veces las cosas no son lo que parecen...
Nuestra ovejita y el lobo se han convertido en los mejores amigos. Pero será complicado hacer comprender al mundo esta insólita amistad... Como cuando la ovejita invita a sus amigos a jugar a casa y estos huyen despavoridos al ver al lobo. O como cuando el lobo invita a sus amigos a cenar y tiene que recordarles, una y otra vez, que la ovejita no es la cena. ¿Entenderá algún día el mundo que un lobo y una ovejita pueden ser... amigos?
Mi pequeña biblioteca de La ovejita que vino a cenar es un precioso estuche con los tres primeros libros de cartón de esta divertida saga superventas.
Lobo, Estofado y Tortilla son unos amigos muy peculiares: no todos los días se ven un lobo, una ovejita y un cocodrilo pasear juntos por el bosque. Aunque son muy diferentes, ellos son los mejores amigos.
Está imprescindible biblioteca para los lectores más pequeños incluye los libros en todo cartón: La ovejita que vino a cenar, Los lobos que vinieron a cenar y El cocodrilo que vino a cenar.
Tres cuentos maravillosos sobre cómo hacer amigos y vencer los estereotipos, repletos de valores como la amistad, la generosidad y la aceptación de las diferencias.
Una noche, a la luz de la luna llena, de un huevo muy pequeño sale una oruga muy muy muy hambrienta. Página a página, atravesará muchas cosas de comer... hasta convertirse en la oruga más gorda que hayas visto.