Desde lejos te construyo poco a poco,
la tela suave de tu esencia me acaricia,
su algodón tierno cubre, venda , consuela
mi honda herida
por dejarte, por no tenerte, por ausentarme,
te siento y veo todos los días ¡tierrita mía!
todavía, hace poco, tan cercana,
como la inmensa madre que he tenido...
apartada, inaccessible, lejana
¡Llenitos mis días de la sed de tu presencia!
Tal y como nos lo cuentan estos versos así nos sentimos los que vivimos distantes de nuestro lugar de origen, a cada paso nos sorprenden huellas de lo que somos, del país de dónde venimos, de nuestra geografía, de las condiciones de vida social donde crecimos, pero además de nuestra historia individual, de las marcas imborrables que dejaron en nosotros la educación en el seno de la familia, impresas muy hondamente en nuestro ser, los valores que nos formaron, los principios que siguen siendo nuestro norte, que se estamparon con fuerza y empeño en nuestro yo íntimo.
La autora de este libro narra de manera directa y veraz los acontecimientos de los que fue testigo durante el ametrallamiento de su casa y vecinos el 28 de abril de 1965, cuando entraron las tropas norteamericanas al barrio de San Juan Bosco.
Datos inéditos, detalles que respaldan lo narrado con una prosa ágil y clara, convierten este testimonio en un texto apasionante que aporta y amplía el registro de lo ocurrido durante la invasión norteamericana de 1965.
Ética de la praxis educativa docente: entre la
profesionalidad y el compromiso personal es una obra
imprescindible para repensar la educación en un
tiempo marcado por la incertidumbre, la violencia y
los retos que plantea la inteligencia articial.
Pablo Mella nos conduce desde la historia de la
ética hasta los debates actuales mostrando cómo el
acto de educar no es solo una técnica ni una rutina,
sino una relación humana profundamente ética y
política. Con claridad y rigor, el autor analiza los
desafíos de la práctica docente, la convivencia escolar
y el vaciamiento pedagógico que amenaza los sistemas
educativos contemporáneos.
Este libro es un llamado a despertar: a reconocer la
singularidad de cada persona, a construir relaciones
más justas y pacíficas, y a situar la ética en el corazón
mismo de la educación. Más que ofrecer respuestas
fáciles, nos invita a hacernos las preguntas que denen
el sentido de educar hoy.
CHEILA VALERA ACOSTA
Con el deseo de colaborar, aunque sea mínimamente a una mejor y más justa convivencia en nuestro país, he escrito algunos artículos publicados en el periódico El Nacional, entre 2022 y 2024. Ahora, me permito presentar a su consideración amable lector, la recopilación de los temas tratados, a fin de dejar constancia de estos.
Este propósito lo motiva mi interés por recordarles a las autoridades nacionales que, de alguna manera estén vinculadas a las instituciones responsables de cumplir los mandatos que les ordenan la Constitución y las leyes, su obligación de velar porque se cumplan fielmente todos y cada uno de esos preceptos.
Muchos pensarán que se trata de una labor quijotesca. Sin embargo, pienso que peor sería resignarnos; por aquello de que: “tanto da la gota de agua en la piedra, hasta que le hace un hoyo”. Las jornadas por la prevalencia de la responsabilidad, la honestidad, el decoro y otros valores dignificantes, nunca han sido fáciles ni se logran en breve tiempo.
Siendo así, pienso que la tenacidad, perseverancia y consistencia en los propósitos, rinden sus frutos.
Continuamos pues, reclamando el cumplimiento del deber, y, presentando estas propuestas con ideas que entendemos pueden coadyuvar a resolver y/o mejorar las falencias denunciadas.
Aquí no hay capas ni escudos indestructibles: solo un sillón ortopédico,
una carpeta Montblanc y la convicción de que el poder
sirve, ante todo, para servirse.
El Procurador es una novela breve que se lee como un expediente
de la realidad de un país cualquiera en El Caribe: ministros todopoderosos,
presidentes bizcos de ambición, jueces usados como
chas de ajedrez y una sociedad atrapada entre la indignación y el
morbo de las redes sociales.
En el centro del escenario, un hombre convencido de ser intocable
planea su gran venganza contra La Jueza, símbolo de integridad y
de esos raros personajes que todavía creen en la justicia. Lo que
empieza como un montaje político se convierte en un espectáculo
nacional de manipulación, descrédito y circo mediático.
En esta Ecos de sangre su autor es cuidadoso al convertir el suceso taíno en argumento teatral. Evita la trampa del localismo, el simplismo y lo folclórico. Cruz parte de un acontecimiento insular para proyectar la trama hacia lo universal.
La princesa Iguanamá, la soberbia Xucaba, el behique Guaguyona y el cacique Ananorex (únicos personajes de la obra) trascienden lo anecdótico para elevar sus acciones hacia un teatro dramático y profundo.
En esta Ecos de sangre, como ya hizo en su poemario Areytos: cantos entre el cielo y la tierra, su creador incorpora parte del encantador idioma de nuestros taínos. Lo que constituye, por demás, un aporte inigualable.
No ahondaremos en estas premisas en la historia que este dramaturgo dominicano nos plantea en su pieza teatral. Dejemos que ella misma abra para todos nosotros el siempre intenso telón de Giovanny Cruz Durán.
Hace más de diez años que escribí esta larga indagación sobre el devenir de los principales grupos humanos que han constituido la nación dominicana en el ámbito de la isla de Ayitì o La Española.
Esta indagación a partir del concepto de la Trinidad Divina con que Juan Pablo Duarte encabezó el juramento de la sociedad fundada para promover la independencia del dominio haitiano.
Es sabido que los números constituyen un plano de la realidad, una prefiguración de lo existente, un mundo constituido entre la ideación original y la realidad física. En el caso que nos ocupa al aura de significados englobados por el número tres (armonía, equilibrio), se une el matiz teológico añadido por el concepto Trinidad, un concepto eminentemente religioso que se encuentra, contrario a lo que podría pensarse, en otras religiones más allá del cristianismo de donde la tomó el fundador de la república. Por tanto estas indagaciones, conjuntamente con el aspecto social y político, se han ido principalmente por la cuestión religiosa donde precisamente, con el transcurrir del tiempo y los avatares humanos, se ha constituido uno de los espacios de equilibrio y armonía entre las visiones de las tres culturas que nos constituyen, ese espacio es la religión popular dominicana, también llamada Culto a la 21 División.
Junto con la revolución política impulsada con el magnicidio del 30 de mayo del año 1961 también fueron revolucionadas otras áreas de la vida dominicana que, como la actividad de los partidos, reclamaron dedicación, talento, recursos materiales y confrontaciones. Industria, comercio, emprendimientos de todo tipo, artes, literatura, finanzas, educación, comunicaciones y deportes, para sólo referir unas cuantas tendencias, empezaron una expansión en algunos casos impresionante. Sin embargo, cuando se habla de revolución sólo se piensa en la guerra iniciada el 24 de abril de 1965. En realidad se trata de una revolución bastante más amplia y extendida, de la cual la política no fue más que una arista, muy ruidosa, por cierto.
Su peso en las letras del país, y su influencia en la vida cultural de la República Dominicana, difícilmente tenga parangón, al combinar su talento literario con capacidad gerencial y potencialidad expresiva, en los medios de comunicación. Fue un ciudadano ejemplar y un hombre de letras, con espíritu de Nación. Es decir, un amante del país y un defensor de su identidad; un hombre enraizado a su tierra y a su provincia natal, Moca, pero con mentalidad cosmopolita, de viajero seducido por la belleza del mundo. Sus grandes pasiones fueron: el amor patrio, a su familia, a los amigos, a los viajes y a los libros. José Rafael Lantigua fue así un hombre del siglo: un bibliófilo y una mentalidad enciclopédica. Un buscador del conocimiento, un enamorado de los placeres de la gastronomía, la lectura, los libros y el turismo, es decir, un apasionado de la cultura y un devoto del saber y el buen decir (hablado y escrito). O sea, de la conversación elegante y la escritura sonora, lúdica y dinámica. Su prosa de escritor es ágil, melodiosa, musical: de frases elípticas y atizadas por el ritmo de la metáfora poética.
Siete Cuentos Más es una obra holistica en que siete ficciones se enmarcan en realidades históricas. actuales y futuras. Las circuns- tancias son explicadas como contexto.Es un inaudito experimen- to literario que lleva al lector de una narración noir con la consa- bida sangre y sexo, al foso de leones del apocalfptico profeta Daniel, a la desconocida génesis de Farafangana, al tenebroso ejercicio de un brujo haitiano, a las incertidumbres de un eventual cataclismo informático, al juzgamiento por monjes católicos del patriarca Abraham en el afo 2038 y al untuoso horror de los abusos sexuales del dictador Trujillo. En este libro cada parte cumple su función como los átomos de una molécula, pues como dijo Whitman de sí, quizás cada obra es un cosmos.