Balzac fue un vidente. Su mérito de observador, su perspicacia de psicólogo, su genio de escritor, no bastan a explicar la variedad infinita de los dos o tres mil tipos que desempeñan un papel más o menos principal en La comedia humana. No los copiaba: los vivía idealmente, endosaba sus vestidos, adquiría sus costumbres, se rodeaba de su entorno, era ellos mismos todo el tiempo necesario. De ahí esos personajes que no se desmienten jamás, dotados de una existencia íntima y profunda. Por sus venas circula no la tinta que infunden a sus creaciones los autores ordinarios sino la verdadera sangre roja de la vida.
Herman Melville (1819-1891) es uno de los más importantes escritores de la literatura estadounidense. En esta obra, pequeña en extensión pero un referente en la literatura universal, crea un personaje anodino, sin experiencias, sin motivaciones, al que nada ni nadie da o resta sentido a su vida cotidiana. Quien narra su historia es nada menos que su jefe, un hombre que verá rota la aparente calma de su vida.
Conservado en un único manuscrito anglosajón conocido como "Cotton Vitellius A.XV", de la Biblioteca Británica, el poema "Beowulf" es una de las más tempranas obras en lengua inglesa y también una de sus más elevadas cumbres literarias. "Beowulf" es un poema de compleja elaboración en sus aspectos narrativos, con un magistral uso de la métrica y una intrincada combinación de diversas historias de diferente género, todo ello en un contexto cristiano, pero con evidentes ecos de un pasado pagano. "Beowulf" es esencialmente un poema épico que narra la heroica lucha de su protagonista homónimo, un príncipe escandinavo que representa los valores del guerrero germánico, contra varios seres monstruosos; no obstante, en el elaborado proceso narrativo también se insertan elementos propios de las elegías, las sagas y las leyendas.
Entre todos los héroes salvajes y brutales inventados por el creador de Conan, Robert E. Howard, el rey picto Bran Mak Morn guarda un origen más próximo a la historia. Se debe a la ascendencia escocesa-irlandesa de este autor, discípulo y amigo de Lovecraft, y principal impulsor del género de «espada y brujería». Considerado junto a Tolkien uno de los escritores más influyentes de la fantasía heroica moderna, Howard narra en estas aventuras la encarnizada lucha que, capitaneados por su último rey, sostuvieron los pictos britanos a finales del siglo III de la era cristiana contra las legiones de Roma. Cuenta la épica de una raza que avanza inexorablemente hacia su extinción, mientras intenta detener el rastro de muerte que dejan a su paso las águilas romanas.
Georges Duroy, un ex suboficial que ha servido en Argelia, malvive en París con un empleo sin futuro. Tres francos con cuarenta céntimos es lo que tiene en el bolsillo al empezar la novela, lo que equivale «a dos cenas sin almuerzo, o a dos almuerzos sin cena, a elegir». Pero un fortuito encuentro con un antiguo compañero del ejército, que ahora es redactor político de un periódico influyente, va a cambiar su vida. Iniciado por su amigo en el periodismo, ese oficio de «quienes despachan la comedia humana cobrando por líneas», se encuentra de pronto rozando los círculos del dinero y el poder. Joven y apuesto, pronto se da cuenta que a través de las mujeres «se llega más deprisa»; ve, además, que, aunque no le sobren luces ni talento, lo importante para triunfar es «el deseo de triunfar». Buen Amigo (Bel-Ami) (1885) avanza a golpes de deseo y de ambición, «vanidad halagada y sensualidad satisfecha»: bajo su férula caen amantes, matrimonios, herederas y ministros.
Mientras Dickens estuvo en Italia, viajando, conociendo y escribiendo, se fueron gestando las famosas narraciones de Navidad. Dickens disfrutaba de la Navidad, de aquellas tres acciones que Chesterton denomina esa trinidad compuesta de comer, beber y rezar . Estas obras desarrollan reflexiones alrededor de la avaricia y de la caridad dentro de las paredes que sirven de refugio al frio invierno. Seguramente los lectores hayan tenido la oportunidad de ver las versiones televisadas de Los cuentos de Navidad. El avaro Scrooge, transforma nuestros espíritus y nos hace sentir la Navidad.