Porque la Navidad no es lo que tenemos, sino a quien tenemos. Edición especial con cantos tintados.
A María, una morenaza de bandera con mucho carácter, le encanta la ropa buena, los viajes de lujo y los hoteles de varias estrellas y algún cometa. Su vida va viento en popa. Tiene un novio banquero inversionista, dos hermanos, dos buenas amigas, una perrita preciosa… y lo que más le gusta es trabajar en la empresa familiar de joyería fundada por su abuelo.
Nicolás es un veterinario que tuvo que dejar su vida glamurosa para instalarse en una granja en Galicia y cuidar a sus tres sobrinos. Es evidente que necesita ayuda con los niños, especialmente con Eva, la mayor, con quien tiene muchos problemas.
María y Nicolás no pueden ser más diferentes. Pero cuando a ella de un día para otro el mundo se le pone del revés y decide hacer un viaje, sus caminos se cruzan. Porque cuando el destino mueve sus hilos (algo que la Navidad propicia, ¡y de qué forma!), ellos solo pueden dejarse llevar…
No te pierdas la nueva novela de Megan Maxwell.
¿Estás preparado para volver a creer en la magia de la Navidad?
Lo único que Lexi quiere es vivir una noche loca con un desconocido. Zeke, por el contrario, lo que busca es amor. Cuando se conocen en un pub y saltan chispas entre ellos, un beso los conduce a otro, y a otro... y, finalmente, al puerto.
A la mañana siguiente, aún con resaca y todavía en shock por la noche increíble que acaba de vivir, Lexi está lista para que Zeke se marche. Sin embargo, hay un problema: la corriente ha arrastrado mar adentro la casa flotante en la que se alojaron.
Y, conforme las provisiones empiezan a escasear y el oleaje se intensifica, Zeke y Lexi no tardarán en darse cuenta de que se están jugando mucho más que el corazón.
Trabajar de niñera para el padre soltero más gruñón del mundo debería haber sido pan comido. Pero no puedo dejar de mirarlo... Y el no puede mantener sus manos lejos de mí.
Cade Eaton es trece años mayor que yo y apenas me presta atención. Hasta que una noche me meto en el jacuzzi con el y decidimos jugar a verdad o atrevimiento. A partir de ese momento, todo vale, menos la ropa.
Es todo un cascarrabias y un poco rudo, pero resulta que los rancheros fornidos y malhablados son mi debilidad. Así que, ¿cómo voy a resistirme?