A veces perderlo todo es la única forma de encontrarse.
Imaginad que cada familia hiciera un sorteo para repartir los papeles: el espabilado, el gafe, el vividor, la oveja negra… Pues a mí me ha tocado ser la pariente pobre. Sí, esa misma, la de los apellidos rimbombantes ―me llamo Lucrecia Estefanía Peralta de la Merced―, pero estoy sin un euro en el banco.
Por si os lo preguntáis, pertenezco a la rama inútil del linaje, esa que lleva generaciones tomando malas decisiones y superándose en el desastre.
Menos mal que, en cuestiones de amor, heredamos el gen que nos mantiene lejos del romanticismo. Si el estado civil aún figurara en el DNI, en el mío pondría: «El cupido de esta chica se droga».
Y aquí estoy, intentando recomponer mi vida: con un novio abogado al que solo aguanto por ahorro legal, metida en líos judiciales y, atención, trabajando por primera vez en algo decente…, en una clínica veterinaria.
¿Sabías que, en plena Segunda Guerra Mundial, una finca de Toledo fue el escenario de un alucinante secuestro de la Gestapo? ¿Has oído hablar del diplomático que, asqueado por el nazismo, halló refugio en la España de Franco y desafió órdenes directas de Ribbentrop, ministro de Exteriores de Hitler? ¿Qué oscuros secretos conocía Erich Heberlein para convertirse en objetivo prioritario? ¿Cómo pudieron sus compatriotas arrancarlo violentamente del en teoría neutral territorio español?
Con gran pulso narrativo y un rigor exquisito, la periodista Marta Tomé reconstruye en esta obra uno de los episodios más desconocidos de la última conflagración global y de las complejas relaciones entre el Tercer Reich y el franquismo. Su minuciosa investigación, de la mano de entrevistas personales y de archivos internacionales y documentos inéditos, empezando por el diario personal del propio Heberlein, nos sumerge en la estremecedora peripecia del consejero y su esposa, Margot Calleja, desde su apacible vida en el campo toledano hasta el horror de las cárceles de la policía secreta alemana y los campos de Sachsenhausen, Buchenwald y Dachau. El resultado es un apasionante relato que sirve de ilustración a un mundo de película.
Oscar Tusquets estaba escribiendo un libro «sobre el coñazo de envejecer y la aceptación de morir» cuando estalló la pandemia y, claro, no pudo resistir la tentación de incluir ahí algunas de sus reflexiones, siempre perspicaces y políticamente incorrectas, sobre la obsesión por prohibir de los gobiernos, sobre el atentado estético de las mascarillas, contra las teorías conspirativas de quienes sostienen que el virus se creó en un laboratorio o contra los apocalípticos y buenistas discursos ecologistas.
Tras llegar a la conclusión de que de la pandemia saldremos más tontos, volvemos al tema del libro, un «panfleto riguroso pero desenfadado de un superviviente» a punto de cumplir los ochenta. Un superviviente que se lanza a un ágil recorrido autobiográfico al ritmo de «me acuerdo de...»–como en el I remember de Joe Brainard y el Je me souviens de Perec– y por ahí asoma desde una Barcelona ya desaparecida hasta el primer encuentro con Dalí, con Amanda Lear de fondo, pasando por un temprano viaje a Italia lleno de peripecias o por evocaciones del mundillo de los arquitectos barceloneses.
Ana está a un mes de cumplir los treinta cuando su novio de toda la vida la deja… por una veinteañera. En la actualidad, su presente no pinta bien: vive con una compañera de piso que habla con los espíritus, odia su trabajo y su madre se ha propuesto convertirla en la próxima en pasar por el altar.
Por si fuera poco, Charlotte, su mejor amiga, se casa este año y, cómo no, ha decidido que Ana sea su asistente personal de bridezilla. Pero, cuando la revista donde trabaja es absorbida por una multinacional, Ana descubre que su nuevo jefe es Viggo, el primer amor de Charlotte…, el hombre que le rompió el corazón hace quince años.
Entre bodas, madres casamenteras, jefes imposibles y amigas desquiciadas, Ana intentará recomponer los pedazos de su vida (y de su autoestima). Lo que no espera es que el capullo pelirrojo resulte ser… irritantemente encantador.
Porque los exnovios de las amigas están prohibidos, los finales felices no siempre llevan anillo y, a veces, el «sí, quiero» más importante es el que te das a ti misma.
Cubrir de literatura los acontecimientos históricos y los espacios donde éstos se desarrollan para resaltar su lado cómico, absurdo, demencial, humano. He aquí el propósito de esta nueva novela de Manuel Longares. La historia aquí es la de las monarquías españolas de Austrias y Borbones, con sus cortes y cortesanos. Desde los siglos dorados del Imperio hispano hasta la centuria de contiendas civiles y asonadas militares que fue el XIX, pasando por el ilustrado Siglo de las Luces. Monarcas, casi todos los que en estas páginas se nos presentan, a los que inquietan menos la paz, la guerra o las geografías inéditas que los poderes de Dios. El espacio es ese Madrid que monarcas y cortesanos moldean a su gusto o eso creen, mientras otro Madrid arrabalero y lenguaraz, donde reina el pueblo soberano, intenta zafarse del abrazo del poder. Y, omnipresente, el río de Madrid que tan a menudo baja desganado y trae de todo menos agua, pero «es el nuestro», metáfora de que se quiere tener todo aunque no haya nada. Con ello, Manuel Longares nos ofrece la que es sin duda una de sus mejores novelas, en la que muestra una comprensión profunda del ser humano, ocupe el lugar que ocupe en la escala social. Un festín literario elaborado con uno de los castellanos más ricos que hoy se escriben y con un depurado sentido del humor y del esperpento que dibujará en el rostro del lector una sonrisa permanente y más de una carcajada.
El pingüino Juanito vivía en el estanque de un parque natural, pero suspiraba por conocer la nieve y soñaba con el maravilloso Polo Sur. Un día, el valiente pingüino decide emprender la aventura más emocionante de su vida. ¿Conseguirá llegar a su destino?