¿Sabías que las crónicas del Renacimiento atribuían la fundación de España a Tubal, el nieto de Noé?, ¿que el mismo Osiris, divino rey de Egipto, habría librado aquí una guerra colosal contra el gigante Gerión?, ¿o que Hércules no combatió a un monstruo ibérico tricéfalo, sino a tres poderosos monarcas hermanos llamados Geriones Lominios? ¿Has imaginado Tarteso como escenario de gloriosas batallas entre dioses y titanes? ¿Fueron los sicanos de Sicilia un pueblo íbero expulsado del río Segre?
Nos fascina el legendario infinito de Grecia y Roma, mundialmente célebre, pero la compleja y singularísima mitología en la que hunde sus raíces Hispania ha sido infelizmente desterrada al olvido. ¿Qué fue de los pioneros cronistas que, fundiendo realidad y ficción, quisieron revelarnos el origen de la genuina identidad española? ¿Hasta qué punto los últimos hallazgos arqueológicos nos obligan a rescatar textos que se creían superados? Un cautivador universo de inmortales deidades, vetustas lenguas, misteriosas civilizaciones y portentosas criaturas cobra vida ante nosotros, con la Península como escenario, al mirar más allá del simplista paradigma vigente.
Entre las palabras y las cosas, ¿hay una correspondencia esencial, o puede haber cosas que tengan lugar en un espacio distinto del de las palabras? ¿Bajo qué orden las ciencias humanas pensaron las cosas desde el Renacimiento? ¿Era la representación el fundamento de ese orden? ¿Qué papel desempeñaron los nombres, el discurso, el lenguaje, en esa arquitectura? La publicación de esta obra en 1966 consagra a su autor como uno de los intelectuales más originales de su época. Aquí Foucault aborda estos interrogantes y concluye que entre esas dos regiones tan distantes –las palabras y las cosas– existe un quiebre, un vacío, un confuso dominio, y que es por la naturaleza de ese desencuentro que las certezas y verdades supuestamente permanentes van cambiando a lo largo de la historia. Las palabras y las cosas es una arqueología de lo contemporáneo, ya que las ciencias humanas son caracterizadas aquí fundamentalmente como prácticas e instituciones, y el conocimiento, como el resultado de un sistema de reglas que son propias de cada época y no del progreso de la razón.
En un ejercicio de síntesis brillante y de encomiable calidad literaria, Lucien Febvre descompone el modelo historiográfico imperante de finales del siglo XVIII. De esta erudición estéril, textual y basada únicamente en aspectos políticos, Combates por la historia se convirtió en una de las referencias fundamentales de la renovación de la historia.
Este esfuerzo de reforma no solo consiguió mejorar la calidad científica de la investigación histórica, sinó que aspiró a «organizar el pasado en función del presente» para convertir la historia en un saber relevante para los lectores de su tiempo. Combates por la historia presenta una nueva historiografía, escrita des del presente e inseparable de las demás disciplinas de las ciencias sociales. En ella, Febvre propone relacionar todos los diversos aspectos de la vida humana sin ningún tipo de jerarquización y comprendiendo la armonía entre las condiciones morales, las técnicas y las espiritualidades del pasado.
mediados de 2022, Tamara Tenenbaum recibió el encargo de traducir Un cuarto propio, de Virginia Woolf. Tomando como punto de partida las cuestiones que le suscitó dicho encargo, Tenenbaum nos propone una relectura del libro de Woolf para reflexionar sobre la situación actual de las mujeres (aunque no solo de ellas) abordando los temas que le interesan: la precariedad laboral, el amor desaparecido en la era de Tinder, la comida, el dinero, el resentimiento como respuesta política o la nostalgia y el poder de la tradición.
Con una prosa lúcida y fluida, a lo largo de este texto, rico en referencias literarias y filosóficas, pero también de la cultura pop, Tenenbaum dialoga con el clásico de Virginia Woolf y nos propone un ensayo que busca ir más allá de un manifiesto y que quiere ser «una propuesta de contramundo plebeya y feminista basada en la importancia de la belleza y el trabajo como […] productores de igualdad y libertad».
A Tenenbaum, a quien le interesa escribir sobre su tiempo, Un cuarto propio le funciona como inspiración y oráculo, y le ofrece la oportunidad de pensar en otras formas posibles de vivir en el siglo XXI que se opongan al discurso neoconservador circundante y que sean modernas y posmodernas a la vez, pero, sobre todo, que nos ayuden a transitar la incertidumbre sin caer en un optimismo ingenuo ni en un pesimismo reaccionario.
Tras la publicación de la respuesta de Averroes en su Tahâfut al-Tahâfut (La refutación de la refutación), esta edición presenta la obra que originó aquel célebre debate: el Tahâfut al-Falâsifa (La refutación de los filósofos), compuesto por Abû Hâmid al-Ghazâlî, conocido como Algacel. Se ofrece aquí, por primera vez en español, una traducción íntegra y anotada de este texto decisivo para comprender el pensamiento islámico medieval y el trasfondo intelectual de la réplica averroísta.
Escrito a finales del siglo XI, el Tahâfut al-Falâsifa constituye un examen crítico de las doctrinas metafísicas defendidas por los filósofos de herencia griega, especialmente Avicena y al-Fârâbî. Algacel analiza cuestiones centrales, como la creación o eternidad del mundo; los atributos divinos; el conocimiento de Dios; la causalidad; la naturaleza del alma, y la resurrección de los cuerpos. Su objetivo es mostrar que la especulación filosófica, cuando sobrepasa ciertos límites y pretende resolver por sí sola los problemas últimos de la fe, incurre en contradicciones que afectan a los fundamentos de la religión revelada. El texto funciona también como una advertencia contra quienes, deslumbrados por la lógica y el prestigio de los sabios antiguos, adoptan sin examen crítico doctrinas ajenas al marco teológico del islam.
Pocos comentarios al padrenuestro revelan como el de Simone Weil la esencia de esta oración cristiana y universal.
En el verano de 1941, Simone Weil traduce el padrenuestro y lo aprende de memoria. «La dulzura infinita de aquel texto griego», escribirá más tarde, «me impresionó de tal modo que durante algunos días no pude dejar de repetirlo incesantemente». Era la primera vez en su vida que rezaba. La recitación del padrenuestro llegará a ser para ella un ejercicio privilegiado de atención sobrenatural. Su comentario constituye una preparación de la práctica de la oración. Fiel a su literalidad original, va desgranando su sentido palabra a palabra, petición a petición.
«Padre nuestro que estás en los cielos. Corte brusco, ruptura que nos enseña la diferencia que hay entre la naturaleza de lo necesario y la de lo bueno». (Simone Weil)