La fundadora del Club de Malasmadres habla en primera persona de la lucha diaria de cientos de miles de mujeres por la conciliación.
Este es un relato de renuncia: la historia de una Malamadre que tuvo que dejar de lado su carrera profesional al tener a su primera hija. Lo más normal del mundo, ¿verdad? Pues no, ni es normal ni es justo y en estas páginas descubrirás por qué.
Laura Baena Fernández, fundadora del Club de Malasmadres, parte de su propia experiencia para ahondar en una realidad invisibilizada aunque afecte a cientos de miles de mujeres en nuestro país: cómo ser madre acaba penalizándolas tanto a nivel laboral como personal. Valiéndose de la colaboración de su compañera de lucha, la socióloga Maite Egoscozabal, y de la voz de muchas mujeres reconocidas o anónimas, la autora nos abre los ojos ante nuestras creencias sesgadas sobre maternidad, invitándonos a reflexionar y a reaccionar. Todo ello para impulsar una revolución cultural que rompa con el silencio de las madres sobre sus vivencias y genere un cambio social real.
Porque solo destapando las renuncias de las mujeres, que parecen elegidas pero no lo son, se podrá poner fin a la desigualdad y conseguir que las legítimas reivindicaciones por las que aboga este libro se conviertan en la realidad de las generaciones futuras.
Desde el rectángulo que forma la pantalla de tu ordenador hasta los enrevesados recorridos de un laberinto, las formas y espacios nos rodean. Ahora tienes la oportunidad de aprender a reconocer patrones e imágenes con actividades muy originales, como fascinantes rompecabezas de espejos y asombrosos tangram chinos.
Ser capaz dediferenciar las banderas rojas de las verdes requiere un esfuerzo para cambiar nuestras percepciones sobre las relaciones humanas, la autorreflexión y el funcionamiento del cerebro.
Aprender a identificar los comportamientos buenos y saludables de los tóxicos y negativos se ha convertido en una tarea fundamental para conseguir una vida lejos de los problemas y de los dramas del día a día.
La felicidad no es fruto del azar: es una conquista. Ser feliz no consiste en tener una existencia perfecta que llene todos nuestros anhelos psíquicos, espirituales y materiales. No: ser feliz es algo aparentemente más simple, pero que sólo se puede alcanzar con voluntad, esfuerzo y las herramientas adecuadas. Es reconocer que vale la pena vivir, a pesar de todos los retos, perdidas y frustraciones que hallamos en el camino. Es dejar de sucumbir ante los problemas y escribir nuestra propia historia. El exitoso psiquiatra Augusto Cury presenta en estas páginas diez claves para hallar esperanza en el dolor, fuerza en el miedo, amor en los desencuentros cotidianos. El cuidado de la salud, la gestión de las emociones y los pensamientos, la apertura ante la belleza y el asombro ante lo nuevo son algunas de las armas que nos ayudarán a transitar el maravilloso camino a una vida más plena.
Maya no está pasando por su mejor momento. Acaba de dejar un medicamento que regula los ataques de pánico, sufre síndrome de abstinencia, lleva días sin dormir y bebe demasiado. Por eso, cuando frente a la pantalla de su móvil revive lo ocurrido el verano de sus diecisiete años no sabe si puede confiar en la lucidez de su mente. Las imágenes de seguridad de una cafetería registran la muerte súbita de una joven. Junto a ella está Frank Bellamy. Ni siquiera se han rozado, pero Maya sabe que él es el responsable, igual que lo fue de la muerte de Aubrey siete años atrás.
Maya no tiene otra salida que investigar sobre los enigmas del pasado para poder resolver los del presente. Y para ello tendrá que regresar a la cabaña del bosque y adentrarse en los recuerdos que la aterrorizan.
A primera vista, el aumento del uso de armas no letales por parte de la policía garantizaría menos muertos y heridos graves en las protestas civiles. El tono eufemístico del concepto apunta en esa dirección. Sin embargo, ocurre justo al contrario. ¿Por qué? La utilización de balas de goma, gases lacrimógenos, granadas aturdidoras o pistolas eléctricas se ha multiplicado desde que empezaron a implantarse hace ya cuatro décadas. A medida que la democracia liberal pierde capacidad de regular las relaciones sociales, las garantías del Estado de derecho se entremezclan con lo que ha venido en llamarse Estado de excepción permanente. Ello implica que se crean nuevas infracciones, se amplía la definición de las ya existentes, se añaden circunstancias agravantes que agravan la calificación penal y aumentan las penas, aumentan los poderes policiales, y se reducen las libertades. Cadena perpetua en los tribunales, años de aislamiento en las cárceles, y mano dura en las calles. Hasta hace no tanto, la utilización de este tipo de armamento estaba acotada a contextos concretos. Ahora se emplea preventivamente contra un gran abanico de movilizaciones. Las mutilaciones, secuelas permanentes o perdida de vidas humanas quedan generalmente impunes.