uando una carta anónima anuncia que durante la misa del Día de Difuntos se cometerá un crimen en Saint-Fiacre, el pueblo natal de Maigret en Bretaña, el comisario debe regresar a sus orígenes para evitarlo.
Al terminar la misa una feligresa ha muerto, como se había anunciado. Y Maigret, a pesar de haber estado presente y atento, no ha visto absolutamente nada que le permita saber quién o quiénes han cometido el crimen.
Con sus habituales paciencia y perspicacia, el comisario deberá internarse en los secretos de toda una comunidad, un mundo en vías de desaparición donde la pequeña noblesa local pretende dictar la ley sin miramientos ni compasión.
Lejos del ambiente brumoso y húmedo de la mayoría de los casos de Maigret, Liberty Bar nos lleva a la Costa Azul, donde el comisario llega para investigar el asesinato de un rico terrateniente australiano que había abandonado las convenciones y los deberes de su clase para darse la buena vida en compañía de un elenco de personajes variopintos reunidos en un bar de Niza.
Sin embargo, incluso en una atmósfera de vacaciones, el comisario descubriá que la naturaleza humana es oscura y, fiel a su divisa de comprender sin juzgar, revelará una tragedia doméstica de intereses cruzados.
Un soplo de vida refleja una de las experiencias más radicales del lenguaje literario, que lleva al límite las posibilidades del discurso. Poco antes de su muerte, Clarice Lispector escribió un texto en el que condensó muchas de sus reflexiones sobre la literatura y la vida. Un soplo de vida puede leerse como su última indagación literaria y, quizá, como la más profunda meditación sobre el acto de escribir y sus múltiples ramificaciones. Concebida como un diálogo de tono casi místico entre un autor trasunto de la propia Lispector y su creación, una mujer llamada Ángela Pralini, la obra da cuenta de la fascinación que implica crear personajes y mundos.
Carmen viajaba en un tren desde Barcelona cuando un cruce de miradas cambió su vida para siempre. Era 1933, y Federico Escofet y Carmen Trilla —él, capitán del ejército; ella, una esposa atrapada en un matrimonio infeliz— tejieron una historia de amor que ni las habladurías, ni la guerra civil, ni el exilio lograrían deshacer, pero que dejó en los tres hijos de Carmen la huella del desarraigo.
Basada en hechos reales, Sonsoles Ónega novela la historia de una mujer valiente que reconstruyó su identidad en una España donde a las mujeres no se les permitía amar y desamar. Una inolvidable historia de amor clandestino cuyos protagonistas tuvieron que enfrentarse a todos los convencionalismos sociales.
El inspector Maigret llega a la localidad de Concarneau, en Bretaña, para investigar el intento de asesinato de uno de los notables del pueblo. En mitad de las pesquisas, una serie de sucesos confusos parecen indicar que un asesino imparable trama una venganza colectiva, centrada en cuatro amigos que se reúnen habitualmente en el bar del pueblo. La única pista firme es un perro canelo que nadie había visto antes y que merodea por el vecindario.
Melina, hija de la Asturias minera y revolucionaria de 1934, nace cuando no debe y donde no se la espera: en la víspera de una guerra civil y en un seno familiar atormentado por la maldición y el desafecto del padre. Los estragos de la guerra y la implacable represión que se abate sobre su familia forjan el carácter determinado de Melina, quien, inasequible al desaliento, se sobrepone a todos los obstáculos. En busca de su independencia que la geografía y la época no pueden brindarle, Melina emprende un viaje a través de épocas y mares y emigra a América. Allí será testigo sucesos dramáticos que la marcarán para siempre y que propiciarán su regreso a una España atrapada en las garras de la represión política. Con una determinación que no conoce limitaciones, se las arreglará para progresar y alcanzar el éxito en circunstancias hostiles. Basada en una historia real, Juan Ramón Lucas vuelve a poner al servicio de la literatura su gran capacidad fabuladora y su extraordinario rigor a la hora de documentar sus novelas. La historia de Melina es la de muchas mujeres que, silenciosas y constantes, marcaron sendas en el camino a la igualdad que nunca llegaron a disfrutar.