Hola, soy el tío que lee tus mensajes y, por cierto, me he enamorado de ti...»
Beth y Jennifer trabajan en el departamento de redacción de un periódico. Son inteligentes, divertidas y muy buenas amigas, y suelen escribirse correos en los que discuten aspectos de sus vidas personales, pero lo que no saben es que un compañero de trabajo también los está leyendo.
Lincoln O'Neill es el tipo que lee los correos. Ese es su trabajo en la empresa. Debería haberlas advertido la primera vez que transgredieron las normas, pero las dos parecen tan majas... Le gustan, le gustan mucho, sobre todo Beth.
¿Podrías enamorarte de alguien a quien no has visto nunca?
¡Se lleva bien con todo el mundo... o quisiera que todo el mundo se largara? ¡Empuja a la gente para que haga lo que usted quiere... o necesita un empujón paro moverse? En Enriquezca su personalidad tiene la ayuda que necesita para entenderse mejor a sí mismo y a otros. El análisis jovial que Florence Littauer hace de los cuatro remperamentos que determinan la personalidad, le enseñará cómo llevarse bien con los demás. Descubrirá que sus conocimientos pueden aplicarse fácilmente para mejorar las relaciones entre:
Esposo y esposa
Maestro y alumno
Amigos
Empleador y empleado
Padre e hijo
Compañeros de trabajo
Una vez que aprenda cómo sacar de usted lo mejor, encontrará que los demás le parecen mejores también. Descubre la persona que quiere ser en Enriquezca su personalidad.
Un hombre parado ante un semáforo en rojo se queda ciego súbitamente. Es el primer caso de una «ceguera blanca» que luego se propaga de manera fulminante. Internados en cuarentena o perdidos en la ciudad, los ciegos tendrán que enfrentarse a lo más primitivo de la naturaleza humana: la voluntad de sobrevivir a toda costa.
Con esas premisas, José Saramago traza una imagen aterradora y conmovedora de los tiempos de crisis. También, en el cruce de la literatura y la sabiduría, nos exhorta a los lectores a cerrar los ojos y ver más allá de las evidencias. Recuperar la lucidez y rescatar el afecto son dos propuestas fundamentales de una novela que es, además, una reflexión sobre la ética del amor y la solidaridad.
Justicia, razón, responsabilidad, virtud, gloria. Son palabras que han perdido vigencia en el moderno discurso político. A través de ocho ejercicios sobre la reflexión política Hannah Arendt muestra cómo podemos volver a destilar la esencia vital de esos conceptos tradicionales y emplearlos para valorar nuestra posición actual y recuperar un marco de referencia para el futuro. Su único objetivo al redactarlos es «adquirir experiencia en cuanto a cómo pensar» y no «inventar novedosos sucedáneos con los que se pueda cerrar la brecha entre pasado y futuro». En estos ejercicios «lo que importa sólo es cómo moverse en esta brecha, la única región en la que, quizá, al fin aparezca la verdad». Participar en ellos constituye una forma activa de asociarse con una de las mentes más originales y fecundas de nuestro siglo.
Haruki Murakami atendió por fin a las peticiones de sus lectores y accedió a que se tradujeran estas dos obras tempranas, anteriormente sólo publicadas en japonés e inglés, y añadió un prólogo donde el escritor relata su génesis. Escucha la canción del viento (1979), ópera prima del autor, sigue las vicisitudes de un joven estudiante que, durante unas vacaciones en su ciudad natal, disfruta de la compañía de su mejor y original amigo, apodado «el Rata», una chica con cuatro dedos, el barman del Jay´s Bar y un escritor suicida (e inventado): Derek Heartfield. Tres años después, en Pinball 1973 (1980), ese mismo joven vive en Tokio, con dos gemelas idénticas, mientras el Rata continúa viendo pasar la vida en el Jay´s Bar, en una novela melancólica y de atmósfera poética, que contiene la mejores escenas de pinball de la historia de la literatura.
Cuando en 1953 se estrenó en París Esperando a Godot, pocos sabían quién era Samuel Beckett, salvo, quizá, los que ya lo conocían como exsecretario de otro irlandés no menos genial: James Joyce. Por aquellas fechas, Beckett tenía escrita ya gran parte de su obra literaria; sin embargo, para muchos pasó a ser «el autor de Esperando a Godot». Se dice que, desde aquella primera puesta en escena -que causó estupefacción y obtuvo tanto éxito- hasta nuestros días, no ha habido año en que, en algún lugar del planeta, no se haya representado Esperando a Godot. El propio Beckett comentó en cierta ocasión, poco después de recibir el Premio Novel de Literatura en 1969, que Esperando a Godot era una obra «horriblemente cómica». Sí, todo lo horriblemente cómica que puede resultar la situación de dos seres cuya grotesca vida se funda en la vana espera de ese ser al que llaman Godot.