Desde la década de 1930, Max Weber fue traducido al inglés, de manera parcial, por Talcott Parsons, sociólogo estadounidense, cuya interpretación del autor influyó indudablemente sobre las traducciones al castellano. Bajo este tamiz, Weber fue leído, incluso hasta hoy, como un “correcto sociólogo liberal”, contrario a Karl Marx. Esteban Vernik discute con esta lectura hegemónica perpetuada durante décadas y busca contribuir a los estudios que escapan a aquel restrictivo marco normativo, como los de José Aricó, Michael Löwy y Bolívar Echeverría a partir de los años ochenta. Plantea que el pensamiento weberiano es laberíntico, rodeado por una serie de interrogantes: ¿cuál es su unidad? ¿Existe algún hilo conductor para sus más diversas contribuciones? ¿Cuál es su “cuestión central”? ¿El destino de la humanidad, la importancia de los factores psicológicos e intelectuales en la vida económica, la acción social, el origen y desarrollo del capitalismo, la ciencia libre de valores y el pluralismo metodológico, o la racionalización y el desencantamiento del mundo moderno por la ciencia y la técnica? En esta dirección crítica, el autor propone un recorrido sobre el surgimiento y el desarrollo del pensamiento weberiano a partir de dos temas centrales: nación y alienación. Con un eje tendencialmente cronológico y analizando una muestra de sus escritos teóricos e intervenciones públicas, examina aspectos específicos del cruce de la obra y la vida de Weber.
Se suele considerar a William James como el padre de la psicología en Estados Unidos aunque también pasa por ser el último de los grandes metafísicos. Esta es una de tantas contradicciones, algunas muy famosas, a las que tenemos que enfrentarnos al intentar comprender un espíritu tan plural como el suyo [...]. La inmortalidad humana analiza la relación existente entre la mente y el cerebro abordando dos de las teorías explicativas: la teoría de la producción y la teoría de la transmisión, apostando por esta última. Así considera la mente humana como una porción de una mente preexistente mayor que se filtra en este mundo a través de nuestros cerebros, y que, una vez finalizada nuestra vida, puede regresar a su fuente. Ángel Cagigas
William James (Nueva York, 1842-Nuevo Hampshire, 1910) fue un influyente psicólogo y filósofo estadounidense, considerado uno de los padres de la psicología moderna. Estudió medicina y enseñó en la Universidad de Harvard. Fue pionero en la psicología funcionalista, enfocada en cómo la mente se adapta al entorno. Su obra más destacada, Principios de psicología (1890), marcó un hito en la disciplina. James también fue una figura clave del pragmatismo filosófico, destacando la utilidad práctica del pensamiento.
Como dice Jacques Le Rider en el prólogo de este libro, Vincent Piednoir nos ayuda a entender «el caso Cioran», desde su niñez hasta 1949, cuando adopta la lengua francesa. Este ensayo nos sitúa en el momento histórico de Cioran y lo sigue a lo largo de su evolución: desde su infancia, impregnada de cultura alemana y en la que la libertad y la despreocupación dan paso al hastío, pasando por su fascinación por las tesis ultranacionalistas que acompañarán el nacimiento del Estado rumano; su admiración por Hitler y el nazismo; su huida de Rumanía durante la guerra y la confirmación de sus dudas intelectuales y sobre su identidad y, finalmente, cómo abandona su país y su lengua como rechazo de su propia historia.
Estamos acostumbrados a ser testigos de violencias extremas, torturas, violaciones y humillaciones en todas las formas del arte. A menudo la crueldad allí desplegada se nos presenta como espectáculo o como propaganda de las ideas hegemónicas. Sin embargo, hay una crueldad que no satisface el morbo del espectador ni corteja sus valores, sino que lo confronta con sus hipocresías y sus miserias. Es ética en el sentido de que pretende una transformación del lector, aunque tenga que agredirle para ello y atentar contra sus certidumbres, adentrándose en ámbitos que rondan el tabú, como la violencia despiadada y el sexo desaforado. La ética de la crueldad, que recibió varios premios y ha sido traducida a diversos idiomas, defiende una literatura contraria a la cultura del espectáculo y a la asepsia posmoderna, una literatura que aborrece lo inocuo y lo complaciente. E ilustra su propuesta teórica con una original exploración de novelas de Bataille, Canetti, Martín-Santos, McCarthy, Kristof, Onetti y Jelinek, autores crueles cada uno a su manera. Después de leerlos, no se puede seguir viviendo como antes de hacerlo. Y lo mismo le sucederá a quien lea este ensayo, que ha sido revisado y ampliado por su autor para esta edición.
Alguna vez te has preguntado por la vida de cada persona con la que te cruzas en la calle, dándote cuenta de que cada uno es protagonista de su propia historia, cada uno viviendo una vida tan intensa y compleja como la tuya? Ese sentimiento tiene un nombre: «sonder». O tal vez has visto una tormenta acercarse y has sentido un anhelo primario de desastre, esperando que sacudiera tu vida. Eso se llama «laquesismo». O estabas mirando fotos antiguas y sentiste una punzada de nostalgia por un tiempo que nunca has vivido. Eso es «anemoia»
Si nunca habías oído hablar de estos términos, es porque no existían hasta que John Koenig se propuso llenar los vacíos en nuestro lenguaje de las emociones. El Diccionario de las tristezas sin nombre crea hermosas palabras nuevas que necesitamos pero que aún no tenemos.
«Winterson dinamita categorías, vocabularios y convenciones tristes. Una escritora maravillosa».Marta Sanz, Babelia
Una mujer lucha por seguir viva cada noche y, para alejar la muerte unas horas más, se inventa un cuento. Todos conocemos la historia de Sherezade, pero nadie ha leído Las mil y una noches como lo haría Jeanette Winterson, que se sumerge en este libro legendario para plantear preguntas y respuestas aún hoy vigentes: ¿cómo influyen nuestros relatos en las creencias sobre el mundo?, ¿cuál es el impacto de la imaginación sobre la realidad?, ¿dónde está el límite entre la honestidad y la mentira?, ¿es el amor, acaso, lo más importante?
Disfrazada de Aladino, la autora que se formó en visitas clandestinas a la biblioteca durante su infancia nos insta a releer lo que creemos conocer y nos presenta dos posibles caminos: la lámpara de lo material, el control y la codicia, o la lámpara de la creación, la empatía y la palabra poética. Ante un mundo injusto e incomprensible, su respuesta es la misma que la de Sherezade: cambiar el relato convirtiéndose en él. Un Aladino y dos lámparas es un entramado de ficción, magia, fantasía, reflexión y memoria, un alegato del poder de nuestras historias y un paso radical hacia un futuro donde imaginar el mundo de nuevo.