Bouamama realiza en este libro un logro intelectual notable: revisa la historia de las migraciones y su gobierno en Francia desde el siglo xix. Desde las migraciones internas de bretones, auverneses y otras poblaciones de la periferia francesa a París, Lyon o Marsella, hasta las migraciones recientes de las viejas colonias francesas africanas, sin olvidar a los italianos, españoles y portugueses que desde principios del siglo XX trabajaron en la industria francesa, en todos los casos se repite una misma narrativa y un mismo modo de gobierno. Los inmigrantes son considerados por naturaleza o cultura difíciles de entender, reacios al trabajo y casi imposibles de integrar en la sociedad francesa. A pesar así del auto celebrado modelo republicano de integración, la inmigración ha sido siempre gobernada con políticas y discursos parecidos, dirigidos a mantener a esta población en los trabajos más duros, peor pagados y menos seguros. La novedad, sin embargo, en el gobierno de los migrantes recientes es que estos han quedado fijados en una suerte de extranjería permanente. Los hijos de estos migrantes, franceses a todos los efectos, han heredado de sus padres o abuelos un estatuto social subalterno, que les impide ser considerados ciudadanos de pleno derecho. Así se manifiesta en la discriminación constante de las poblaciones descendientes de magrebíes o subsaharianos en materia de vivienda, empleo y tratamiento público. Herederos de una historia colonial, a diferencia de otras migraciones históricas, estas poblaciones han escalado posiciones en la agenda nacional, acusadas de un «comunitarismo» segregador y de ser portadores de una cultura (sobre todo en el caso de los musulmanes) inasimilable por la nación francesa. Sometidos al racismo de Estado se han convertido así en el particular enemigo interior con el que la República francesa pretende expurgar su profunda crisis social."
"La emancipada", de Miguel Riofrío (1822-1879), narra la historia de Rosaura, una joven que, sintiéndose asfixiada por las rígidas convenciones sociales de su tiempo, se niega a aceptar el matrimonio que le impone su padre y decide tomar las riendas de su vida. Publicada por entregas en 1863, se trata de la primera novela de Ecuador, aunque no fue rescatada hasta 1974, momento en que desplazó de este lugar de honor a la famosa "Cumandá" de Juan León Mera. Su gran capacidad de sintetización de temas universales -como los tópicos acerca de la conformación de la nación y la posición del Estado, el desarrollo del individuo dentro y frente a la sociedad y, sobre todo, el concepto del amor en la Latinoamérica decimonónica- la convierte en una de las más logradas narraciones de la novelística hispanoamericana del siglo XIX.
Un fantasma recorre el mundo. Pero este ya no es el espectro del comunismo. Sus nombres son muchos y están en boca de todos: colapso, catástrofe, crisis, final. Su presencia se ha ido imponiendo paulatinamente bajo la forma de pequeños apocalipsis climáticos (inundaciones mortales, grandes incendios, pavorosas sequías), crisis económicas inéditas (la Gran Recesión iniciada en 2008) y una nueva generación de guerras y genocidios (Ucrania, Palestina, Yemen, Sudán del Sur). Por poner las cosas aún más sombrías, sospechamos que estos son solo el aperitivo de algo mucho peor. Vivimos de hecho en la certeza de que la catástrofe es ya nuestro presente. Y sin embargo, tratamos de pasar el rato como si nada de esto nos afectara, inmunes al desastre presente y por venir, satisfechos con una vida todavía no demasiado penosa y siempre ensimismada con mil formas de entretenimiento.
Este libro trata sobre esa perplejidad que agarrota a las poblaciones ricas del planeta, todavía protegidas para lo que viene pero ya expuestas a sus primeros efectos. El cóctel de factores que analiza van desde el nihilismo despreocupado y hedonista con el que afrontamos la catástrofe hasta la afectación moralista e impotente de las guerras culturales, desde la estetización del final de nuestro mundo hasta la inercia de una izquierda todavía aferrada a las promesas del progreso. Todo ello sin dejar de elaborar una crítica a la economía política de la crisis, un análisis de los determinantes sociales de esta paradoja e incluso proponiendo algunas vías para superar nuestra persistente impotencia.
El parisino Robert Challe (1659-1721) fue un autor rodeado de misterio. En vida, publicó únicamente Las ilustres francesas (1713) -que apareció sin firmar- y una Continuación de la historia del admirable Don Quijote de La Mancha (1713), dos libros que gozaron de un éxito rotundo. Fue viajero, marino y comerciante. Tras su muerte, verían la luz diarios de viajes y memorias en los que su experiencia autobiográfica se entretejía con numerosos elementos de ficción. Las ilustres francesas es una de las mejores novelas de los últimos tiempos de Luis XIV, y también una de las que mayor fama alcanzara en su época. Solo durante el siglo XVIII, la obra se editó en quince ocasiones y se distribuyó en naciones extranjeras como Alemania, Inglaterra y Países Bajos. Sin embargo, a partir de finales del Siglo de las Luces, y a pesar de su manifiesta influencia en la narrativa posterior, la obra quedó en el olvido y no ha sido convenientemente rescatada y atendida hasta las últimas décadas. Esta edición presenta la primera traducción al castellano de un indiscutible clásico francés, cuyas historias liberales y amorosas contribuyeron al desarrollo de la llamada novela libertina y, con este, al de la narrativa de ficción moderna en general.
Rescatado en un lugar remoto del Ártico, el doctor Victor Frankenstein nos relata su tragedia: cuando era estudiante de filosofía en Ginebra se obsesionó por lograr descifrar la fórmula para dar vida a la materia inanimada. Mientras hacía progresos, se dedicó a reunir partes de cuerpos humanos para construir una criatura de apariencia humana, a la que consiguió dar vida mediante una descarga eléctrica. Pero esta criatura, dotada de una altura y una fuerza física descomunales, tenía un aspecto tan espantoso que inspiraba terror a todos los que la veían. El sentimiento de repulsión que despertaba y la soledad a la que se vio condenada provocaron que se rebelara contra su creador.
Considerada el estandarte del romanticismo y del terror gótico, Frankenstein nos recuerda que el hombre, egoísta por naturaleza, no suele tener el más mínimo sentido de la compasión. Aunque la criatura se acerque a los demás con el corazón en la mano, creyendo que se rigen por los principios de la religión y la piedad, los humanos la rehúyen una y otra vez porque solo son capaces de verla como un monstruo.
Donatella Di Cesare traza en Tecnofascismo el mapa de un presente inquietante, donde la política ha cedido su lugar a la gestión técnica y la democracia se reduce a una fachada. En este nuevo orden social, la tecnocracia global y la etnocracia local se entrelazan: mientras una élite controla las redes del poder económico y digital, los pueblos son gobernados mediante la exclusión, el miedo y la apelación a la identidad.
Desde los laboratorios de biopolítica y la guerra hasta las fronteras donde se levantan muros étnicos, Di Cesare examina la deriva autoritaria que define a la nueva derecha mundial y, con su lucidez filosófica y su mirada política, revela cómo la democracia puede vaciarse desde dentro y convertirse en un régimen neototalitario que promete seguridad a cambio de libertad.