A los ojos de un extranjero, un gaijin, Japón sigue siendo aún hoy el lugar más exótico e insondable del planeta.
El respeto de sus gentes por la naturaleza, su concepción del arte, su sentido estético, su percepción de la belleza, la influencia de la religión y la filosofía en su vida diaria, la búsqueda de la armonía y la importancia de la espiritualidad y de la contemplación, conforman una cultura y unos valores muy alejados del sentir occidental.
La ceremonia del té (cha-no-yu), un ritual en el que cada detalle es esencial en la búsqueda de la perfección estética y espiritual, refleja mejor que ninguna otra celebración, la verdadera esencia de Japón.
Preparar un té exige una atención exquisita por cada detalle: armonía, elegancia y destreza en los movimientos de quienes lo preparan, generalmente mujeres, y una atmósfera perfecta en la que nada se deja al azar. Todo aquel que disfrute de esta milenaria bebida debe alcanzar un estado espiritual de profunda serenidad.
En 1908, en el estado de Maine, una noche muy fría y en medio de una intensa nevada, dejan a una niña de casi cuatro años en el porche del orfanato St. Cloud’s, que dirige el doctor Larch. La niña no llora; más bien, parece enfadada. La enfermera del orfanato que sale a buscarla ve cómo a lo lejos, en la oscuridad, se alejan dos mujeres. Casi diez años después, en St. Cloud’s siguen sin encontrar una familia de acogida para esa niña, llamada Esther. Precisamente por entonces, los Winslow, un matrimonio que vive en New Hampshire, deciden adoptar un hijo más, pero recorrerán varios orfanatos antes de decantarse por St. Cloud’s. Allí les cuentan la historia de Esther, quien será acogida por los Winslow y se convertirá en una especie de ángel de la guarda para su nueva familia. Su vida será una historia de supervivencia y una profunda exploración de la identidad y la pertenencia, y será testigo del impacto perdurable de la Historia en nuestras vidas.
Desde una perspectiva intelectual, la Edad Media latina representa el esfuerzo colectivo de toda una cultura por inteligir la fe que la unía. En ese sentido, la única disciplina que despertó su interés especulativo fue la teología, y la filosofía nunca fue más que una herramienta que podía emplearse en la empresa teológica. Quien desee aproximarse a la filosofía medieval debe rastrearla en el interior de las obras teológicas, donde se encuentra dispersa al servicio de la intelección racional de los artículos de la fe.
Inspirándose en su propia biografía, Marguerite Duras relata en esta novela la peculiar vida en Indochina de la familia formada por una adolescente llamada Suzanne, su hermano Joseph y la madre de ambos. Antaño una mujer llena de energía, la madre ha intentado sacar rendimiento de una concesión dedicada al cultivo, pero todos los años el mar Pacífico invade la llanura y malogra la cosecha. Ahora, esa mujer sólo tiene un deseo: casar a Suzanne con Jo, el poco atractivo hijo de un acaudalado especulador de terrenos. Porque Jo es muy rico, tanto como para permitir a la madre de Suzanne reconstruir unos diques y saldar sus numerosas deudas. Así, sobre el telón de fondo colonial que también inspiró su célebre novela El amante, en Un dique contra el Pacífico se suceden las intrigas de Jo para seducir a la muchacha, las iras y los amores de Joseph, los cambios de temperamento de la madre, y la lucha de todos por un futuro mejor.
La mujer carmesí: erotismo, sensibilidad y crudeza. La línea que separa la vida de la muerte es a veces tan delgada como las cejas de una mujer. La lluvia de primavera cae intensamente sobre Tokio y en la estación del puente de Mansei se retrasan los trenes. Mientras espera a poder regresar a casa, Sokichi Hata distingue a alguien entre la multitud: es la mujer carmesí. En ese instante, según recorre su cuerpo con la mirada, le sobreviene la memoria de la noche en que intentó suicidarse, pero una mujer, muy parecida a la que ahora se encuentra frente a él, se lo impidió. ¿Estará ante la misma Osen que tiempo atrás le salvó la vida y le dio a conocer el amor? Satori Hilados: Una colección de cuadernos artesanales con hilo visto en cosido Singer. Izumi Kyoka, considerado por muchos el Edgar Allan Poe de Japón, es el creador de la «novela gótica» japonesa y uno de los grandes maestros del relato breve. En "La mujer carmesí", asistimos al despliegue de la prosa de Izumi Kyoka en toda su riqueza y plasticidad.
Una obra que recoge las ideas de Locke acerca de la educación y que se convertiría en un referente para escritos pedagógicos posteriores y sobre cuyos principios se fundamentaría la formación específica del gentleman, y que servirían de base en un futuro para la educación de toda la sociedad.