Jeremy Rifkin, autor bestseller de The New York Times, visionario de grandes tendencias económicas y asesor político de varios gobiernos, nos propone un plan práctico y urgente para abandonar la economía del combustible fósil y enfrentar el cambio climático.
Una nueva visión para el futuro global está ganando impulso. Al enfrentarse a una emergencia, una generación más joven encabeza un movimiento político innovador con el potencial de revolucionar la sociedad. Los millennials, el mayor caladero de votantes, están abordando la cuestión del cambio climático.
El autor bestseller de The New York Times y aclamado teórico de economía, Jeremy Rifkin, plantea el relato político y el plan económico para el Green New Deal que necesitamos en este momento crítico de la historia. La confluencia de una burbuja de activos obsoletos de combustibles fósiles y una visión política verde abre la posibilidad de un cambio generalizado hacia una nueva era ecológica postcarbono. Solo así estaríamos a tiempo de evitar un aumento de la temperatura que nos condenaría a un cambio climático descontrolado.
Con veinticinco años de experiencia aplicando transiciones similares al Green New Deal, Rifkin ofrece su visión de cómo transformar la economía global y salvar la vida en la Tierra.
El mercado financiero durante la Edad Moderna adquirió dimensiones extraordinarias. La creciente demanda de la empresa americana, junto con el desarrollo de los mercados al otro lado del Atlántico, aceleró de forma exponencial las transacciones económicas y precisó de sofisticadas operaciones financieras. Nuevos instrumentos financieros coexistieron con otros que, si bien conocidos, aumentaron considerablemente en volumen y alcance geográfico. No sólo letras de cambio sino también obligaciones, albalaes, deudos, hipotecas o cesiones generaron un complejo entramado crediticio que, en gran parte, sustentó el movimiento de mercancías y personas desde los centros productores europeos hasta los nuevos enclaves en territorio americano.
El mayor obstáculo para llevar a cabo una política económica sólida no son los intereses ocultos ni los lobbies, sino las ideas popularmente erróneas, las creencias irracionales y los prejuicios del votante de a pie.
Ésta es la tesis que defiende Bryan Caplan en este libro provocador: si la democracia fracasa es precisamente porque se guía por lo que los ciudadanos quieren.
A través de un análisis del comportamiento electoral de los votantes y de sus opiniones sobre una serie de cuestiones económicas, sostiene que las personas que no cuentan con amplios conocimientos sobre la economía de un país adolecen de cuatro prejuicios predominantes: subestiman cómo funcionan los mercados, desconfían de los extranjeros, minusvaloran los beneficios de preservar la mano de obra y creen que la economía siempre va a peor.
Llevamos una década de intervencionismo woke descontrolado. Ha llegado el momento de la política de verdad
En 2025, Occidente afronta el reto de cambiar el paso y dinamitar la era más intervencionista desde la Segunda Guerra Mundial, una era marcada por políticas económicas, laborales y culturales diseñadas para anular la libertad y la voluntad emprendedora de los ciudadanos en una Unión Europea sumida en una grave crisis social y económica y aislada en su afán regulatorio y su incapacidad para innovar.
Con su característica habilidad para analizar y explicar la realidad, sin tapujos y alejado de cualquier tópico, el economista Daniel Lacalle presenta una contundente radiografía del mundo que nos ha dejado más de una década de políticas woke y que ahora recogen y quieren reordenar líderes como Donald Trump, Javier Milei y Nayib Bukele y empresarios como Elon Musk.
Lacalle denuncia en El nuevo orden mundial el totalitarismo y la vocación de controlar a la sociedad que se esconde detrás de buenistas medidas vinculadas al progresismo y la socialdemocracia en los «Estados depredadores», con España como uno de los mejores y más tristes ejemplos de hasta qué punto se han recortado las libertades de la gente en nombre de, precisamente, la libertad y la paz social (con la coordinación de la pandemia de la COVID-19 como paradigma).
El capitalismo no es ni una consecuencia inevitable de la naturaleza humana, ni una mera ampliación de antiguas prácticas comerciales cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos. Desencadenado en unas coordenadas espaciales y temporales específicas, el capitalismo necesitaba de una transformación radical previa de las relaciones entre los seres humanos y de estos con la naturaleza.
El interés no es el precio del dinero, sino el valor del dinero en el tiempo
Durante las dos primeras décadas del siglo xxi, las tasas de interés se hundieron como nunca antes. El dinero fácil tras la crisis financiera mundial de 2007-2008 ha producido varios efectos negativos, incluida la aparición de múltiples burbujas crediticias, una reducción en el crecimiento de la productividad y una exacerbación de la desigualdad.
El historiador financiero Edward Chancellor reconstruye la trayectoria que nos ha llevado hasta aquí. Se remonta hasta el mundo antiguo, cuando la práctica de prestar dinero con intereses no era popular, considerándose un ejercicio de usura, robo y abuso por parte de una clase parasitaria. A medida que el capitalismo se estableció desde finales de la Edad Media, se fue entendiendo mejor que el interés era una recompensa legítima y necesaria para que los prestamistas se desprendieran de su capital, y que cumplía otras muchas otras funciones vitales para el correcto funcionamiento de la economía.
Este ensayo, ganador del Premio Hayek al mejor libro de 2023, está inspirado en la convicción de que la reducción artificial de los tipos de interés ha creado muchos de nuestros actuales problemas, incluyendo el resurgimiento del populismo. Esto ocurre porque el dinero fácil y la política monetaria laxa crean distorsiones económicas que desincentivan el ahorro, empujan a los inversores a asumir riesgos excesivos y dificultan la distribución de la renta y la riqueza, perjudicando sobre todo a los más pobres.
El precio del tiempo explica que el interés no es exactamente el precio del dinero, sino el valor del dinero en el tiempo. Además, demuestra que dado que todas las actividades económicas tienen lugar en el tiempo, el interés es necesario para dirigir la asignación de capital, valorar las inversiones y equilibrar la oferta y la demanda.